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martes, 6 de marzo de 2012

Otros vómitos.

Una vez soñé contigo, soñé que sufrías por mí, que decías que siempre me habías querido y que siempre me pensabas.
Como en los sueños, todo era perfecto, respondías lo que deseaba que respondieras, decía las cosas correctas que siempre terminaban en una sonrisa o un beso.
Pero era un sueño, y sabía que era un sueño, y como casi todos los sueños en los que tengo conciencia de ello, se devino en algo tan simple y placentero...
A veces es triste darme cuenta que cuando te pienso no es en tu olor o en tu tacto suave lo que pienso; es en tu cuerpo, en el cariño explosivo que me dabas, en la pasión desenfrenada que te desbocaba cuando estábamos juntos.
Quiero creer que no es verdad, que te extraño a ti. Luego recuerdo las situaciones en las que te pienso: cuando estoy solo, cuando estoy como gusano en el comal, cuando estoy devolviendo a la tierra miles de no-natos. Es en esos momentos cuando te recuerdo, recuerdo nuestros momentos, momentos que siempre fomentaban los jadeos y saliva con sabor dulce en mi boca. Y a veces pienso que sería si me quisieras de nuevo, si quisiera quererte de nuevo. Pero sólo puedo pensar en que siempre estaría intentando hacerte la de Pasífae, o ya de perdis, tratarte como alguien que se callaría con un un billete de 100 después del tiempo que dura un cigarrilo.-3012

miércoles, 1 de febrero de 2012

Bloodstream

Y es como la llovizna que cae de noche, sólo oyes el murmullo contra las ventanas, pero no ves cuando se estrella contra el cristal.
Nadie cuenta las gotas, nadie las toma en cuenta. Sólo son murmullos lejanos, ajenos a nosotros y nuestra cama tibia de almohadas mullidas.
Tus murmullos no se estrellan contra mis ventanas querida, no estoy metido bajo de las cobijas con olor a lavanda. Cada uno de tus pensamientos impactan en mí; se me cuelan entre los poros. Llegan hasta mis ríos y arroyos, se me tiñen color a ti.
Y parece que no te das cuenta que me sigues derramando tu llovizna, sigues dejándome temblar bajo tu cielo negro que cae sobre tus hombros.
Debes saber que ya no estaré más bajo ese martilleo, que quiero dormir tranquilo y tibio, que ya no me mantendré siguiendo la trayectoria de las gotas en el cristal.
-9891

lunes, 21 de noviembre de 2011

Cercanías

Era bastante lindo estar ahí sentados. La noche nos cubría, la luz de la lámpara no nos dejaba ver las estrellas, la cantera fría nos entumecía las piernas y la plazuela estaba prácticamente vacía. Era bastante lindo estar ahí sentados.
-Hay que ser rebeldes, no hay que dejar que la obscuridad nos toque- dije.
Te reíste de mí. No importó, saqué mi sombrilla y nos cubrí con ella.
-No hay que dejar que la obscuridad nos toque, no hay que dejar que la luz nos toque.
Pusiste tus ojos de "ya que" y te acercaste a mí. Estabas tibia. Tu cuerpo apretado contra el mío debajo de la sombrilla me provocó un cosquilleo. La tomaste del mango y la empezaste a girar feed me to the lions, like spinning plates. Te concentrabas en ver los patrones que hacían las varillas, me concentraba en ver los patrones de tu cabello castaño. Todas mis esperanzas y expectativas se encontraban ahí, debajo de la sombrilla que insistías en girar. No recuerdo si dijiste algo, sólo que volteaste y te me quedaste viendo. Girabas la sombrilla y te me quedabas viendo. Soltabas la sombrilla y te veías más cerca, o quizá yo estaba más cerca. La sombrilla rodaba escaleras abajo y estabas tan cerca. Siguió rodando hasta quedar inmóvil al pie de las escaleras y estuvimos tan cerca como nunca habíamos estado. Tan cerca que sentía tu sabor, tu suavidad, tu calor. Tan cerca que los ojos no enfocaban. Tan cerca que los ojos no se dieron cuenta que uno de esos niños que venden chicles en sus cajitas recogió la sombrilla y se la llevó corriendo. Tan cerca que nos importó un carajo.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

calendario

Yo no cuento el tiempo en horas, días o años. Yo los cuento en eventos: esa vez que estábamos debajo de mi sombrilla riéndonos de los focos, aventándole piedras a los chivos inflados, tirados en pasillos, peleando a las luchas en tu cama. No necesito demasiado para recordarlos; algunos llevan un olor pegado, los otros una noche entre los párpados. A veces vienen a mi danzando entre notas escondidas y descubiertas como mis viejos juguetes guardados a una caja.
El día de hoy me guardo uno nuevo, el aire de la azotea y yo sin poder respirar, un abrazo cálido y yo sin poder respirar, un último beso desesperado, y yo sin poder respirar.

jueves, 6 de octubre de 2011

requiem

Como estar parado en medio de la catástrofe y el caos. Gritos y súplicas por doquier pero no hacer caso, cerrar los ojos y sentir felicidad entre el miedo. La sangre en la cara, los cuerpos mutilados, la ceniza en el cabello, en la nariz, en los pulmones. Cenizas que antes eran humanos, cenizas que ahora son restos, restos de la humanidad purificada.
Mi humanidad purificada, nuestra unidad purificada.
Los ojos que se cierran, la paz que se cierne, el dolor es iracundo, el sufrimiento permanente.
Un último suspiro y luego nada.

domingo, 25 de septiembre de 2011

tiempos

-Ya no vivimos en el barroco.
Es lo que dijo. Le comentaba que no comprendía cómo es que ahora nuestra música es prácticamente una mierda. No hay más de esas creaciones magistrales, no hay más de esas que todo el mundo conoce, venera y siente sublimarse al oírlas. No más días de ira con los siglos reducidos a cenizas. ¿Porqué la humanidad perdió esa capacidad creativa?¿Qué fue lo que pasó?(que subió la cerveza... no, eso no).
-Ya no vivimos en el barroco- dijo- tenían esa capacidad creativa porque lo vivían, estaban inmersos en él. Perdimos eso, y no podemos recuperarlo porque no lo vivimos, no lo sentimos, no lo respiramos. Ya no.

viernes, 19 de agosto de 2011

Psicolicantropía

Sí, por las noches me vuelvo un ser salvaje y maniaco. No me salen garras, no me salen colmillos o pelaje, sigo metido en mi débil piel cubierta de ropa, con las mismas uñas mordidas y los mismos músculos flácidos; me lleno de angustias, de dolores y furias. Luego me transformo y ataco: muerdo con palabras, desgarro con pensamientos. Le aullo a mi luna, a mi noche, a mi pasión, a mi miedo, a mi dolor...
Oui, par les nuits je me deviens un être sauvage et maniaque. Il ne me trouve pas des griffes, il ne me trouve pas des crocs ou de pelage, je countinue dans ma faible peau couverte de vetiments, avec les mêmes ongles mordués et les mêmes muscles flasques; je me remplis des angoisses, des douleurs et des fureurs. Après, je me transforme et j´attaque aussi: je mords avec des mots, je déchire avec des pensées. Je l´hurle á ma lune, á ma nuit, á ma passion, á mon peur, á ma douleur...

Travaille

Hay que revisar todos los archivos del fichero 3-12 y luego revisar también los del 4-21 al 4-78. Recuerde ordenarlos por orden alfabético y cronológico. Lo quiero para mañana por favor señorita.
Sonreír y asentir. Vienen a la memoria los NO a las insinuaciones sexuales. Cerdo machista. Cerdo depravado. Cerdo que necesito para pagar los gastos de mi hijo. Sonreír y asentir.
Il faut réviser touts les archives du fichier 3-12 et après réviser aussi les unes de 4-21 á 4-78. Rappelez les rangent par l´ordre alphabétique et chronologique. Je les vuex pour demain s´il vous plaìt mademoiselle.
Sourire et acquiescer. Ils viennent á la memoir les NO á las insinuationes sexuelles. Cochon machiste. Cochon que je nécessité pour couvrir les frais de mon fils. Sourire et acquiescer.

V

El coche amarillo estaba fuera de la cantina. El coche amarillo de fuera del trabajo de su esposa. El mismo coche amarillo de fuera del café y de las manos sobre la otra con el anillo que había sido de su familia por tres generaciones, los labios sobre los otros labios, las risas; el mismo coche amarillo de fuera de su casa.
Inevitable entrar y ver al único hombre en la cantina sentado de espaldas en la barra. Inevitable clavarle la navaja suiza en el cuello como también inevitables las luces rojas y azules, azules y rojas, rojas y azules, azules y rojas.
Es que era el coche amarillo Señor, era el coche amarillo, qué iba yo a saber que el hermano había llegado de visita, era el puto coche amarillo.

lunes, 25 de julio de 2011

Era una vez, un hombre que vivía en un cuarto de la calle Felicidad, él escribía canciones y poemas de amor. En su cuarto había sólo una cama y un bidé. No necesito más, me dijo él, tengo todo lo que necesito aquí. Me señaló su cabeza y luego con un pequeño trazo indicó a una esquina, donde había una guitarra, hojas de papel pautado y lápices, montones de hojas y lápices.
Todos lo conocían como el hombre feliz. Y es que era un hombre que a todas vistas derrochaba felicidad. Siempre sonriente, siempre con su guitarra, siempre con las colillas en el suelo, siempre con los lápices, siempre con las hojas, montones de lápices y hojas, montones de sesos en la pared, montones de sangre y gritos, montones de gente diciendo ¡qué tragedia, qué tragedia! Y ni una guitarra en la pared.

domingo, 24 de julio de 2011

Informe sobre los juguetes

Hace poco pasaba en la TV esa pelicula de los muñecos que cuando la gente no los ve se dedican a hacer fiestas, borracheras y orgías, así como dedicarse al culto de su Dios: Andy. En fin, a pesar de sus diferencias de razas, orígenes y épocas, todos tienen una firme convicción de que los "humanos" no les descubran su capacidad motriz y cognitiva. De hecho, aunque pongan en riesgo sus, por así decirlo, vidas, mantienen esta convicción tan fuerte (aunque queda demostrado que en ocasiones se muestran tal y como son para protegerse entre ellos y dar una lección a algún humano que hace bullying).
Es así que se me vienen a la mente las preguntas: ¿Cómo es que tienen tan firme esta convicción?¿Quién les enseña esta regla básica de su sociedad juguetil?¿Porqué la respetan con tanto ahínco?
Quiza siendo unas crías de juguetes van a una especie de catesismo o escuela donde les enseñan las reglas de los juguetes. No podemos saberlo. Hay veces en que parece ser que ni ellos saben cómo es que saben esto.

Había dejado inconcluso este informe pues creí necesitar más datos. Estuve infiltrándome en la sociedad de los juguetes más y más para intentar comprender cómo es que se logra mantener tan firme esta estructura. Los resultados arrojados son estremecedores, a pesar de que no llegué hasta la punta de la pirámide social.
La manera de cómo conseguí obtener información de estos "juguetes" a pesar de su convicción de hacerse pasar por seres inanimados ante la presencia de un humano son en sí mismas demasiado complejas y llenas dificultades para escribirlas en este informe, si lo hiciera, demoraría demasiado y quizá el mensaje que intento transmitir llegue demasiado tarde. Pero aquí les presento la información que trabajosamente pude conseguir. Las presento en orden de importancia (según la sociedad de los juguetes):
1.- Los humanos NUNCA debemos verlos moverse, bajo pena de castigo (la forma de imputar la justicia entre los juguetes es atroz, más adelante presentaré como lo consiguen).
2.- Los juguetes deben fomentar las actividades sexuales entre los humanos mayores para así mantener el número de niños constante.
3.- Cuando un juguete pasa a tener un nuevo dueño, automáticamente éste se convierte en su nueva deidad.
4.- Todos los juguetes deben protegerse entre ellos, bajo pena de castigo.
5.- En caso de ser abandonado u olvidado se debe tener una completa resignación al hecho, no se debe buscar una nueva deidad por cuenta propia.
6.- En caso de ser devorado por una mascota de la deidad, no se debe intentar liberarse causando daño al ser en cuestión. Debe haber una completa resignación al descuartizamiento.
7.- Siempre hay que mostrarse felices antes las deidades, a solo que se haya nacido con una expresión facial de tristeza congénita.
Antes mientras enunciaba las reglas hablé de la forma de castigo. Está basada en una estructura acción-consecuencia. Nunca pude determinar cómo es que lograban saber las acciones que realizaba cada individuo, la forma en que dictaminaban sentencia, quién la determinada ni cómo la ponían en acción. Pero irremediablemente los acreedores AL castigo terminan siendo desdichadamente tristes, maltratados y víctimas de horribles vejaciones (como terminar atado a la parte frontal de un autobús recolector de basura). Parece obra de lo que nosotros llamaríamos "justicia divina" o "karma", pero no me ha sido posible determinar cómo sucede este fenómeno.

El estudio de esta sociedad debe ser realizado a fondo. No podemos quedarnos en el oscurantismo en relación al conocimiento de estos individuos. No sabemos cuándo es que su imperturbable sistema ético o de justicia puede desmoronarse y seamos presas de una revuelta, cayendo en sus manos de plástico, metal o felpa.

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Nota del autor: es una especie de... ¿tributo?(uno muy malo) al señor Ernesto Sabato, que ojalá no se revuelque en su tumba por hacer esta mala copia de su obra. Aunque lo más seguro es que, como me dijeron por ahí, a él le viene valiendo "medio kilo de verga". Saludos.

lunes, 20 de junio de 2011

Los umbrales

Demasiado ansioso para dormir, pero demasiado cansado para estar despierto - Trainspotting.

Necesitaba una dosis, su cuerpo lo pedía. Se había comido todas las uñas, incluyendo las de los pies. No podía soportarlo. Realmente necesitaba una dosis...
Kail se levantó sudando del pedazo de hule que usaba para dormir, las paredes llenas de grafitti, manchas de orina y vómito tardaron un rato en dejar de dar vueltas. Salió de la habitación del cuarto piso en que vivía y mientras bajaba por unas escaleras llenas de basura y botellas tropezó con una chica que estaba tirada entre su vómito, en su rostro se dibujaba la sonrisa de los que están en el viaje de la heroína. Se agachó para revisar si la jeringa tirada a su lado aun tenía algo. Nada; vacía. Maldita perra, pensó mientras la pateaba escaleras abajo sintiendo asco, sabiendo que ese asco era el de verse reflejado en ella. Cruzó la puerta del edificio donde vivía y salió a la calle.
Salir al frío no le hizo nada bien, casi sintió como si las ráfagas de viento le golpearan directo al cerebro. La nieve en las calles de Inglaterra se amontonaba sucia sobre las descuidadas banquetas del barrio de Stockwell. Avanzar le era difícil y la nieve se me metía en los zapatos. Llegar al bar de Darren, el Ragnarock se volvía un suplicio a cada paso, pero el ver las luces del anuncio de neón que parpadeaban bajo la noche le dio nuevos ánimos.
Al llegar a la puerta, un hombre con un grueso abrigo lo detuvo. Desde dentro surgía el eco de la música y las luces rojas y moradas danzaban al ritmo de los beats.
-Déjame pasar Mikail.
-No, Darren dio órdenes de no dejar pasar a nadie de los tuyos cuando está abierto el bar, Kail.
-¡Maldita sea Mikail!- exclamó - Necesito pasar, DEBO hablar con él o esta noche me muero entre la nieve, por favor, hazlo por mí, habla con él.
El hombre lo miró con ojos de lástima y suspiró.
-Está bien... pero es la última vez Kail, Darren empieza a perder la paciencia contigo.
Sacó el celular de su abrigo y luego de intercambiar unas palabras lo volvió a guardar y le abrió la cadena. Kail entró temblando al Ragnarock, pero antes Mikail le puso una mano en el hombro.
-No te hagas más daño Kail.
-Y un carajo- respondió sacudiéndose el hombro.
Cruzó la puerta. En cuanto entró una sofocante y asquerosa combinación de calor corporal, sudor, olor a alcohol y tabaco lo recibió. Casi todo era una luz roja que hacía parecer a las personas fantasmas que se movían al ritmo de la música. Más bien animales, pensó Kail. Una chica cayó a su lado vomitando, estaba demasiado ebria y drogada para seguir de pie, sin embargo, sonreía, y sus ojos se veían vacíos y perdidos. Se agarró de él y trabajosamente se puso en pie hasta abrazarlo, le besó el cuello y le metió la lengua en el oido. Kail la apartó de un manotazo y la volvió a dejar tirada en el suelo. No tengo tiempo para esto, pensó, necesitaba la dosis. Avanzó entre la multitud sintiendo su pegajoso y caliente sudor mientras se movía entre ellos.
Siguió hasta llegar a unas escaleras al fondo del bar que llevaban a la oficina de Darren, tambaleándose, bajo los 20 escalones mientras la música se apagaba y se oía cada vez más distante, al final de las escaleras caminó por un largo pasillo obscuro, dobló a la izquierda y se encontró en un pequeño vestíbulo con una luz mortecina proveniente de una vieja lámpara en el techo. Ahí, sentado en una silla metálica y viendo una TV portátil, estaba Sergei, el guardaespaldas personal de Darren. Lo conocía bien, en una ocasión vio cómo se quitaba de encima sin problemas a cinco tipos para luego dejarlos tan jodidos que más de uno quedó con secuelas permanentes. Lo mejor era no meterse en problemas con Sergei.
-¿Qué quieres Kail?- preguntó sin apartar la vista de la TV portátil.
-Vengo a ver a Darren, déjame pasar.
Apartó la mirada de la TV, pero sólo para reír ruidosamente, la vena yugular le saltó en el cuello como una víbora. Pasó una mano por su cabeza rasurada, haciendo notar los enormes bíceps y la marcada musculatura con la que contaba.
-Kail, Kail, Kail... sabes que a Darren se le acaba la paciencia contigo. La última vez no le pagaste. Creo que sólo porque le agradas y por los viejos tiempos, pequeño gusano asqueroso, no dejo que te asesinara a golpes esa vez.
-Cállate Sergei, hoy es diferente, traigo dinero. Sólo una dosis más y ya, eso es todo.
Sergei volvió a reir.
-¿Sabes cuántas veces he escuchado eso? "Sólo una dosis más y ya, eso es todo" ¿Aún no lo entiendes Kail?, no hay últimas dosis, siempre habrá una más. Pero está bien, que seas un jodido adicto no es mi problema.
Se paró de la silla, tocó suavemente la puerta y abrió. Le hizo una seña con la mano para que se acercara y cuando pasó el umbral de la puerta le susurró a sus espaldas:
-Eres peor que un perro Kail, eres la mierda de los perros.
La puerta se cerró detrás de él y volvió a sentir las mismas cosas que cada vez que entraba a esa oficina. El olor a cloro, látex y alcohol quirúrgico en el aire, el ambiente tenso y cargado de una extraña electricidad. Un escalofrío lo recorrió.
La habitación tenía paredes lisas y blancas. En el fondo, toda la pared era ocupada por archiveros metálicos e idénticos, a la derecha, un mueble cerrado de madera cubría la mitad de la pared, en el medio de la habitación, estaba un sencillo escritorio y detrás de él, sentado en un sillón de cuero, un hombre delgado y de cabello negro, unos ojos azules como de muerto era lo primero que se observaba en su rostro, para luego apreciar su pequeña y delgada boca, y aunado a eso, una nariz respingada y curiosa. En conjunto se lograba un rostro hermoso pero diabólico, como el de un ángel corrompido por Lucifer.O incluso el mismo Lucifer, se dijo Kail.
A su derecha, de pie y con los brazos cruzados estaba una hermosa mujer de piel clara y cabello castaño, lacio y largo hasta media espalda; su delgado cuerpo estaba cubierta con un vestido rojo que hacía resaltar su figura, en sus bellos ojos verdes había una lágrima queriendo ser liberada.
-Déjanos solos Nina- dijo Darren con su voz suave y aterciopelada.
Ninca suspiro, dio la vuelta y salió por una puerta a la izquierda de la habitación. Una vez solos, los hombres se miraron por un momento, Kail abrió la boca para decir algo, pero en el acto fue callado por Darren.
-Kail, la única razón por la que te dejé entrar es porque Nina estaba poniéndose muy pesada y necesitaba quitarme la de encima, ¿Entiendes?
Kail asintió.
-Muy bien, ya que dejamos eso en claro, dime Kail, qué es lo que quieres.
Kail se quedó parado y sin moverse, tenía la cabeza gacha y fija en el suelo. Respondió con una voz quebrada y casi inaudible:
-Ya lo sabes Darren, por favor, no seas cruel, me siento muy mal.
Darren lo miró a los ojos y le sonrió con unos dientes blancos y perfectos.
-Sí Kail, la gente como tú sólo quiere una cosa- sacó de un cajón de su escritorio una bolsita con un polvo blanco en su interior- esto es lo único en lo que piensan. Al verlo babean como un perro que ve a su dueño acercarse con el plato de comida, qué cómico, podría cambiarme el nombre a Pavlov, a ti sólo te falta mover el trasero Kail.
-Por favor Darren, sólo una dosis, sólo eso necesito.
-Y se puede saber Kail, ¿cuánto dinero tienes?- replicó.
-Tengo 5 libras, es suficiente, por favor, me siento muy mal.
El dolor de cabeza se había vuelto insoportable, además que empezaba a sentir punzadas en el vientre y sus manos temblaban sin control.
-Um... 5 libras, ¿A qué pobre anciana asaltaste Kail?- Preguntó.
-A ninguna.
Las imágenes del hombre que había golpeado la noche pasada para quitarle esas pocas libras vinieron a la mente de Kail. Recordó cómo tronaron un par de sus costillas, pero eso ya no importaba, lo único debía ocupar su mente era la pequeña bolsa que Darren sostenía en la mano.
-Está bien, te daré lo que quieres, pero primero...- dijo sonriendo- primero serás un perro, Kail.
-¿Un qué?
-Un perro, se un bonito perro,¿sabes?, mi madre nunca me dejó tener uno, ahora, se un perro, eso es, así- asintió mientras Kail gateaba por el suelo- muy bien perrito, ahora ladra, ¡Ladra perrito, ladra!
Kail no supo cuánto tiempo estuvo en 4 patas por el suelo, ladrando, aullando, levantando la patita, rodando por el suelo y lamiendo la mano de Darren. Cada minuto lo invadía más y más un dolor esparcido por todo el cuerpo, dolor que dudó fuera solamente por la abstinencia.
Siguió haciendo lo que Darren le decía hasta que ya no le quedaron fuerzas para sostenerse y se tiró, jadeando por la debilidad.
-Sí, eso es lo que eres, un perro que ni siquiera puede complacer a su dueño.
Sintió cómo le guardaban algo en el bolsillo del pantalón y luego los brazos de Sergei que lo arrastraban fuera de la oficina, por el pasillo y subiendo las escaleras. Una puerta se abrió y regresó al infierno de sonidos estridentes, calor y demonios que bailaban, ojos desorbitados y perdidos lo miraban sin ver al pasar entre ellos. Otra puerta se abrió y se sintió lanzado a la calle, su cara se estrelló contra la nieve y se quedó ahí tumbado un rato mientras Sergei hablaba con Mikail algo que él no entendía. Jodidos rusos, maldijo. Tomando aire, se incorporó lentamente y caminó tambaleándose un par de calles hacia el edificio donde vivía antes de caer nuevamente de bruces. Permaneció largo rato tirado en la calle, la nieve sucia se le metía a la boca, el cuerpo lo sentía cada vez más frío y húmedo, los dedos de las manos eran como unas garras heladas, no tardó en dejar de sentir las piernas, todo giraba a su alrededor. Con sus últimas fuerzas se arrastró a un callejón y se quedó dormido ahí, pensando en que al menos tenía su dosis en el bolsillo.
Un par de perros salieron de entre la basura del callejón. Poco a poco se fueron acercando, uno de ellos olfateó a Kail y le dio un mordisco en la mejilla, masticó lentamente y luego volvió a morder. El otro perro lo imitó.
Esa noche comieron hasta saciarse.

miércoles, 8 de junio de 2011

inconformidades

Y es más bien una necesidad intrínsecamente intrincada en lo inmenso de la clásica insaciedad de mi inconforme naturaleza que me trae en la inanición emocional, la cual, desde un tiempo ya indefinidamente largo me ha hecho andar dando tumbos y se va lenta e inexorablemente transformando en una intratable y crónica des-esperación por tus ya inexistentes muestras de cariño hacia mí.

domingo, 1 de mayo de 2011

bla bla bla

Es fácil sentirse mejor que los otros, es fácil pensar que son estúpidos, que sólo saben fingir, unos "poser" con sus po-po-po-po-po-po-po-ker face. Es divertido humillar, es placentero sentir el poder. Estimulante es engañarte, picarte el orgullo para que saltes con la cabeza embotada por el deseo de golpearme, gritarme, hacerme mierda.
Y lo interesante de todo esto... no, no hay nada interesante, solo estoy aburrido.

domingo, 10 de abril de 2011

La locura

El lobo perseguía con una inusual ferocidad al niño, era obvio que no iba a escapar, nadie lo podía hacer a campo abierto y tan sólo corriendo. Para cuando lo encontraron era más un montón de carne y sangre que un niño en sí. Esa fue la primera víctima de los azotes que el lobo causó a esa pequeña aldea en los bosques de Francia.
La gente decía que no era un lobo normal, que no solían tan agresivos y salvajes, menos aún que cazaran hombres, aseguraban que tenía "La locura", esa enfermedad que le da a los perros y lobos y que los vuelve extremadamente impulsivos y sanguinarios. Los ataques siguieron, cada uno mas horrible que el anterior, pero la gente no se fue de la aldea, pensaban que era cosa de esperar a que muriera por la enfermedad y que todo volvería a la normalidad. Debieron haberse ido.
En una ocasión, un hombre pudo sobrevivir, una cosa de suerte, decía él, se había caído por un matorral antes que el lobo lo pudiera asesinar, no antes de perder un ojo y recibir varias mordidas, sin embargo, vivía. A los pocos días comenzó a mostrar los síntomas de "La locura", era agresivo y apático con todos, deliraba con lobos persiguiéndolo, no toleraba el agua. Todos sabían cómo iba a terminar, lo amarraron en su casa antes de que lastimara a alguien, no tenía familia, así que por varios días sobrevivió a base de caridad de vecinos que le llevaban un poco de comida, pero por su agresividad y peligrosidad en aumento, sumándole la exigencia de carne cruda, estas muestras rápidamente cesaron hasta extinguirse.
Aún así, el hombre no moría, pasaron casi 2 semanas en que todas las noches el hombre gritaba como poseído por una horda de demonios, la gente no se acercaba a su choza y sólo esperaban para enterrarlo.
Por fin una noche cesaron los gritos, y los aldeanos entraron en su choza para cumplir su cometido, pero ahí no había ningún cuerpo, sólo pedazos de ropa desparramados por todas partes, junto con huellas, huellas de lobo.
Y así fue como la pesadilla comenzó para esa pequeña aldea y uno a uno fueron encontrando la misma muerte, perseguidos en el bosque por 2 lobos, y con la misma visión, el lobo con sólo un ojo desgarrándoles el cuello.
Ahora la aldea esta vacía, pero ya nadie recuerda su existencia, ni siquiera su nombre, porque ninguna persona se acerca a ese bosque, que ahora recibe varios nombres, el bosque oscuro, el bosque maldito, y más comúnmente, el bosque de los lobos-demonio.

lunes, 4 de abril de 2011

feedback

Es en estos momentos cuando recuerdo tu calor, los pequeños ojos que sonreían más que tus labios, el aterciopelado tacto de tu pelo, el olor que exudabas y que aprendí de memoria, la desesperación que me hacías sentir. El dolor insoportable de tenerte y saber que no podía, dejar en tus manos todas mis esperanzas y decisiones, y no saber que pasaría después, siempre que no me dejaras.
Es ahora que extraño esa pasión explosiva que guardabas en lo profundo de ti, quedar tumbado de espaldas con tu cuerpo sobre el mío, respirando agitados, buscando con los labios, estrujando con las manos el cuerpo ajeno y deseado, dejar escurrir los secretos y máscaras de amigos por la colcha de la cama.
Es por eso que odio siempre volver a ti, pero irremediablemente tomo los retornos que salen de tu ciudad, busco lo tuyo en alguien más, ¿Me buscarás a mí en alguien? Pregunta que a veces me persigue, que provoca a los demonios de mi abismo.
Y es así que mientras la besaba a ella, mientras enredaba mi mano en sus cabellos, mordía su labio y sentía la punta de su lengua en la mía no podía dejar de pensar que era pura sugestión, que no eras tú a quien pensaba e imaginaba mientras la besaba, mientras enredaba mi mano en sus cabellos, mientras mordía su labio, mientras sentía la punta de su lengua en la mía...

miércoles, 30 de marzo de 2011

infancia

No se tiene una memoria propiamente dicha hasta aproximadamente los cinco o seis años, esto se debe a que los enlaces entre neuronas aún no se han desarrollado completa ni eficientemente, millones de conexiones sinápticas se crean día a día y poder mantener un recuerdo es algo por si mismo complejo, es por eso que no se tienen recuerdos de esa época.
A la mierda, a mi parecer es porque es en esos años en los que se es realmente feliz lo cual lleva a vivir, disfrutar y gozar de la vida sin problemas. No hay una aprehensión a guardar recuerdos felices para recordarlos en tiempos difíciles y soportar los sufrimientos. No la hay. Y por lo tanto, tampoco recuerdos.

martes, 15 de marzo de 2011

Gossip

Y sí, detesto cuando voy manejando y los niños se me atraviesan corriendo enfrente del coche. Normalmente sólo les pito y es suficiente para que huyan asustados, a veces unos cuantos gritos también ayudan. Pero con ese niño fue imposible no enojarse, andaba jugando a media calle como si fuera dueño de ella; le lancé un pitido de advertencia, no hizo caso. Asomé la cabeza por la ventana y le grité que se quitara, entonces el niño volteó su pequeña y sonrojada cara hacia mí y me lanzó una pedorreta.
Fue casi inevitable, puse reversa hasta la entrada de la calle, me puse el cinturón de seguridad, acomodé el espejo retrovisor y aprovechando me arreglé un poco el rouge, tomé bien el volante y tranquilamente aceleré; primera, segunda, tercera. Se sintió como si pasara sobre un tope, un tope pequeñito. Me detuve y volví a poner reversa para sonreír satisfecha al sentir el pequeño tope. Volví a poner la primera, otra vez el pequeño tope.
Las señoras gritaban y se tapaban las bocas asombradas. Sí, cómo no asombrarse de que ese niño fuera tan irrespetuoso.

domingo, 30 de enero de 2011

red

Entro.
Mirando tus fotos pienso si eres feliz, si en verdad serás tan vacía como esos momentos congelados, si te crees esa mentira de ti, esa débil imitación, si en verdad eres tan estúpida.
Aparentas ser demasiado, pero no puedo evitar reírme de tus comentarios y respuestas.
Leo tus notas, pones canciones que bajaste de internet, ni siquiera les quitaste el link de la página- todaslascanciones.com-, qué mierda.
Tu familia consiste en 14 hermanos, 12 primos, 3 madres, 2 padres y un esposo (y no pasas de los 19).
Dices ser de un país europeo, pero te ves más latina que yo.
Hablas 6 idiomas, entre ellos el ruso, alemán, japonés y zulú. pero no puedes escribir sin cambiar las s´s por las z´s, erras en las v y las b, al parecer no sabes la existencia de un acento, y parece que tu BLOC MAYUS tiene epilepsia.
Miro tu información, no tienes una ideología, no tienes una religión, tu cita favorita es "con un chico supercute" y te gusta "yo amo a Justin Bieber".
No puedo evitar pensar, qué asco de persona... pero entonces recuerdo esa foto con el amplio escote, no puedo evitar enviar una solicitud... maldita sea mi pubertad.

martes, 25 de enero de 2011

Pecados

La noche era obscura y fría, el cuerpo me temblaba por la adrenalina, los árboles que pasaba corriendo eran apenas manchones verdes, el pánico me incitaba a seguir corriendo, el miedo me daba fuerzas, C... iba a mi lado, sonriendo satisfecho. La luz de la luna le daba un brillo rojo a sus ojos.

---------------------------------------- I ---------------------------------

-¡Corre, no te detengas!- grité desesperado
-No... ya no puedo más- jadeó C... apoyándose en un árbol.
-¡Pero corre! ¡Nos van a alcanzar!- volví a gritarle.
-Tranquilo- inhaló profundo- ya estamos lejos, además, no sé porqué corremos tanto.
-Pues porque odiamos ese lugar, !Lo odiamos!- dije un poco enojado por la pregunta
-¿Y qué?, ahí teníamos una buena cama, comida diario y además la música era agradable- dijo con su pequeña cara de largos bigotes
-¿Agradable...?¡Era la misma música todo el tiempo!
Odio esos cambios de C... nunca sé cómo va a reaccionar, primero me convence de escapar y luego me dice que no estábamos tan mal.
-Uhm... es verdad, aunque es mejor que escuchar a L... llorar todo el tiempo por su bebé- me dijo mirándome con sus ojos grandes y redondos como canicas.
No pude responderle. Es verdad que cuando no ponían música por la noche, tener que escuchar a L... llorar por su bebé muerto (aunque C... me contó que realmente había sido robado en un supermercado mientras ella compraba tinte para el cabello, pero no le creo, él siempre me anda mintiendo, creo que le divierte hacerlo) es de lo más frustrante, no puedo dormir y C... se pone a tararear canciones de cuna, lo cual hace que L... llore aún más.

---------------------------------------- II ------------------------------

Nunca entendí porqué estaba ahí con tantas personas tan extrañas. De hecho, no recuerdo ni cómo llegué, sólo sé que me metieron en un cuarto y ahí estaba C... con sus grandes orejas, (siempre me intrigaron sus orejas largas y puntiagudas, a veces cuando yo estaba triste, él movía las orejas arriba y abajo para divertirme) sonrió y frunció la nariz mientras me decía:
-Es bueno volvernos a ver...

---------------------------------------- III -------------------------------

-Bueno, pero no hay que confiarnos, ya sabes cómo son, ¿Recuerdas cuando me dejaron sus dedos marcados en el brazo?- pregunté.
-Jaja... sí, eso fue divertido, llorabas como una niña- un brillo de malicia apareció en sus ojos- pero les di su merecido,¿Cierto?
-Sí, pero... ¿No crees que te pasaste un poco?- dije apenado- ese enfermero nunca se curó bien.
-Se lo merecía- susurró mientras se recargaba en un árbol y se sentaba sobre su pequeño trasero.

---------------------------------------- IV -----------------------------

Todas las noches, si había música y L... no lloraba, siempre soñaba con una habitación roja y obscura, negras sombras proyectándose desde la ventana y una mujer llorando de dolor y miedo en el suelo, su ropa de dormir desgarrada y con manchones escarlata, abraza en sus brazos a pequeños bultos que se aferran con miedo a la mujer. Uno de ellos voltea la mirada hacia mí, luego esconde los ojos en el regazo que lo protege y grita con terror:
-¡No papi, no...!
Luego escucho mi risa y despierto temblando y sudando frío. C... ríe por lo bajo cada vez que me sucede y yo finjo que no me sucede nada.

---------------------------------------- V ---------------------------------

-¿Por qué a ti no te dan pastillas?- le pregunté
C... se había puesto a comer perezosamente un poco de pasto que arrancaba del suelo y mordía con sus grandes incisivos.
-Porque no pueden
-¿Es por eso que te vas cada que me las dan?-pregunté.
-No, me voy porque te pones insoportable y llorón como L...
Sabía que era mentira.

---------------------------------------- VI -----------------------------

A veces, C... se ausentaba por periodos, antes regresaba unas horas después de que me medicaban, luego fueron días, la última vez no volvió en una semana.
No se a dónde vaya, pero siempre regresa más flaco y con menos pelo (aunque eso me agrada, su pelo blanco y fino siempre se me mete en la nariz y me causa comezón), antes de huir, volvió en un pésimo estado.
El cómo fue que me convenció de escapar sigue siendo un poco extraño, dijo que las medicinas me iban a hacer mal, que no debía tomarlas. Habló de que nos separarían, que él moriría, que no pertenecíamos a ningún lugar, que DEBÍAMOS estar siempre juntos. En su voz y mirada, se notaba un dejo de miedo y desesperación, algo raro en C... que me incitó a hacerle caso. Para cuando me di cuenta, estábamos saltando la barda y corriendo por el bosque que rodeaba al edificio, fue entonces que me entró el pánico de qué nos harían si nos atrapaban.

---------------------------------------- VII -------------------------------

-Alguien viene- dijo levantando las orejas
-¡Maldición!, ¡Te dije que debíamos seguir corriendo!- le dije levantándome del suelo rápidamente.
-Corre si quieres- dijo desde donde se había sentado- ya es tarde para TI.

Unas sombras aparecieron entre los árboles, intenté correr, pero inmediatamente alguien me tiró al suelo.
-¡Aquí esta!- gritó con fuerza
Escuché ladridos, pisadas corriendo hacia mí, voces por el radio, alaridos, órdenes. Intenté gritar, pero una rodilla me tenía contra el suelo y me costaba respirar. Alguien me clavó una aguja en el cuello y en seguida se me fueron las fuerzas. De pronto, todas las cosas tomaron un aspecto más nítido.
Estaba entre un grupo de policías y era una noche despejada, me rodeaban árboles altos, el pasto mullido y verde me hacia cosquillas en el rostro, el olor a hierba fresca llenaba los párpados que se me cerraban.
Todos hablaban por radio diciendo:
-Lo encontramos, vamos de regreso.
Mientras caía en un estado de sopor intermitente, uno de ellos acercó su boca a mi oído y dijo con un tosco susurro:
-La vez pasada hubo misericordia desgraciado, pero desperdiciaste tu último tiro, te vamos a refundir en un asqueroso agujero. No más médicos benevolentes, no más pastillas y tratamientos para ti. Estarán solos tú, tu demencia y nosotros.
Fue entonces que vi a C... mezclado entre el cuerpo policiaco,y sonriendo, dijo adiós con su patita peluda y se dio vuelta mientras desaparecía entre los árboles dando saltitos y moviendo su pequeño rabo redondo.
-Ahora nunca nos separaran, nunca- fue lo último que le oí decir antes de caer dormido.

---------------------------------------- VIII --------------------------------

-¿Lo ves?, estamos mejor así, ahora deja de llorar- dijo C...
La mujer lloraba, los niños gritaban. Ahora entiendo, ahora entiendo...