Fue casi inevitable, puse reversa hasta la entrada de la calle, me puse el cinturón de seguridad, acomodé el espejo retrovisor y aprovechando me arreglé un poco el rouge, tomé bien el volante y tranquilamente aceleré; primera, segunda, tercera. Se sintió como si pasara sobre un tope, un tope pequeñito. Me detuve y volví a poner reversa para sonreír satisfecha al sentir el pequeño tope. Volví a poner la primera, otra vez el pequeño tope.
Las señoras gritaban y se tapaban las bocas asombradas. Sí, cómo no asombrarse de que ese niño fuera tan irrespetuoso.

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