viernes, 19 de agosto de 2011

V

El coche amarillo estaba fuera de la cantina. El coche amarillo de fuera del trabajo de su esposa. El mismo coche amarillo de fuera del café y de las manos sobre la otra con el anillo que había sido de su familia por tres generaciones, los labios sobre los otros labios, las risas; el mismo coche amarillo de fuera de su casa.
Inevitable entrar y ver al único hombre en la cantina sentado de espaldas en la barra. Inevitable clavarle la navaja suiza en el cuello como también inevitables las luces rojas y azules, azules y rojas, rojas y azules, azules y rojas.
Es que era el coche amarillo Señor, era el coche amarillo, qué iba yo a saber que el hermano había llegado de visita, era el puto coche amarillo.

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