lunes, 25 de julio de 2011

Era una vez, un hombre que vivía en un cuarto de la calle Felicidad, él escribía canciones y poemas de amor. En su cuarto había sólo una cama y un bidé. No necesito más, me dijo él, tengo todo lo que necesito aquí. Me señaló su cabeza y luego con un pequeño trazo indicó a una esquina, donde había una guitarra, hojas de papel pautado y lápices, montones de hojas y lápices.
Todos lo conocían como el hombre feliz. Y es que era un hombre que a todas vistas derrochaba felicidad. Siempre sonriente, siempre con su guitarra, siempre con las colillas en el suelo, siempre con los lápices, siempre con las hojas, montones de lápices y hojas, montones de sesos en la pared, montones de sangre y gritos, montones de gente diciendo ¡qué tragedia, qué tragedia! Y ni una guitarra en la pared.

No hay comentarios:

Publicar un comentario