domingo, 16 de septiembre de 2012

Ex petite-amie

Nos citábamos  en tu casa como siempre, a la misma hora y mientras tu hermana no estaba. Cuántas veces nos dijimos que ya no volveríamos a hacerlo, que había que terminar con esa manía improductiva del sexo casual. Pero ahí estábamos siguiendo el mismo ritual.
Me dejabas el zaguán de tu edificio abierto, subía los 3 pisos, esos tres pisos que me quitaban el aire y que seguramente me hacían parecer un enfermo jadeando por el deseo al llegar a tu departamento ¿Cuántas veces habrás pensado que jadeaba porque deseaba estar contigo? No tengo idea querida, no tengo idea. Era esperar a que me respondieras a la puerta, recargarse en el balcón, voltear fingiendo un sobresalto cuando por fin abrías, normalmente con ese shortcito tan feo que solías usar. Si no era el shortcito era quizá la pequeña falda, n´importe pas.
Pasar al departamento "cruzar las puertas del infierno" me decía a mí mismo algunas veces. Y era esperar a que dijeras "pasa" y llevar la mochila hasta tu cuarto, porque en la mochila venían los condones, y qué molesto era tener que volver hasta tu pequeño vestíbulo por ellos y por eso era mejor llevarlos y...
Te recuerdo acostada en la cama con tu computadora mientras me sentaba en el borde para quitarme los zapatos, luego acostarse a tu lado fingiendo que se tenía alguna molestia o simplemente dando el gruñido de costumbre.
Era entonces tiempo de comenzar el estúpido juego de fingir ver la tele y fingir que reías por algo en la computadora. Los días malos me contabas una historia con ese modo tan tuyo de contarme las cosas: intensamente aburridas para mí. Pero había que mantener la farsa y decir los -ajás- y los -porque eres una torpe-.
Quince minutos. El tiempo que dejaba pasar desde que me quitaba los zapatos hasta que empezaba a besarte o quitarte la ropa era quince minutos. Nunca dejé pasar más tiempo querida, no sé porqué tenía esa extraña afición a dejar pasar quince minutos. Si no los dejaba pasar sentía que sería demasiado apresurado y terminaría viniéndome demasiado pronto como en esos tiempos ¿Recuerdas esos días? Que horriblemente frustrantes eran. Luego podía pasar a los primeros contactos físicos, picarte la panza o empezar a acariciarte "distraídamente" las piernas. Nunca entendí porqué te resistías tanto si eras tú la que me llamaba para que fuera a tu casa, nunca entendí esa manía por el juego, quizá tu necesidad de ser deseada, qué carajos sé yo.
Un tiempo te gustó hacer como que no querías besarme. Te ponía encima de mí y fingías que no querías y yo te mantenía ahí y te tomaba por las caderas y te besaba el cuello y decías que no y que no. Pero no, el no nunca fue un no. Alguna vez debimos habernos puesto una palabra de seguridad ¿no crees? Algo como pingüino o atún, ya sabes, esas palabras de seguridad siempre deben tener algo de absurdas para poder cumplir bien su cometido. Pero en fin, hablaba de tu extraña inclinación por hacerte la novicia tentada por el deseo sexual, asustada por no entender la razón de desear tanto algo prohibido y marcado en tus huellas mnémicas. Ah, que pesado era entonces tener que besarte despacito despacito y moverte las caderas por sobre mí. Lo que me consolaba es que después eras tú misma la que terminaba por quitarme la ropa.
Algo interesante en ti es que no te importaba rebajarte a las peores vejaciones, parecía no importarte, ¿O es que lo disfrutabas? Mi querida pervertida, quizá yo era más tu objeto que tú el mío. Es demasiado probable, siempre fui demasiado pretencioso para creer que pudieras tener algún tipo de control sobre mí.
Esa noche terminamos cansados, jadeando sobre la colchoneta que usábamos porque tu cama se movía demasiado  y decías que se te cansaban las piernas, además que estabas en tus últimos días y no querías manchar las sábanas como aquella vez. Estábamos acostados y me recargaba sobre tu cintura, tú me acariciabas la espalda ¿O estabas tú recostada en mi pecho y yo te rascaba la cabeza? Sí, creo que era de ese modo. En fin, te comenté de mi reciente afición por aprenderme poemas. Respondiste alguna testarudez como las que normalmente respondes pero no pude evitar decirte aquel de:

"No se me importa un pito que las mujeres 
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; 
un cutis de durazno o de papel de lija. 
Le doy una importancia igual a cero, 
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco 
o con un aliento insecticida. 
Soy perfectamente capaz de sorportarles 
una nariz que sacaría el primer premio 
en una exposición de zanahorias; 
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, 
bajo ningún pretexto, que no sepan volar. "


Y te quedaste en silencio, quizá intentando descifrar si iba dirigido a ti, pero sabías muy bien que no, que solo le recitaba poemas a la desnudez, a la obscuridad de tu departamento. Poemas que nunca serían para ti.


domingo, 9 de septiembre de 2012

otro borrador

A pesar de todos los rover enviados nadie sospechó cuán inverosímil sería el descubrimiento de los tripulantes al llegar.
No fue una, fueron dos culturas las que hallaron. Extrañamente antropomorfos y hablando un dialecto comprensible para algunos de los tripulantes, en especial los hablantes de lenguas romances.
Explican que su origen se remonta a cuando sus dioses, los sonamuh, los depositaron en ese planeta con la promesa de regresar un día por ellos.

martes, 4 de septiembre de 2012

Dicotomía

Esa decisión irreductible que estoy seguro la mayoría de personas hemos tomado: dejaré de amarla. Un intento desesperado quizá de mantener el poco orgullo que le queda a uno después de haber caído a lo más bajo de la propia auto-humillación. Dejaré de amarla se dice uno mismo. Dejaré de sentir la imperiosa necesidad de ir a su lado al observar su figura. Esa figura que uno reconocería sin importar si está inmersa en una multitud.
Las razones para haber llegado a esta determinación serían fácilmente determinadas. La principal sería la determinante falta de alguna señal que determine si Ella tiene un sentimiento recíproco y determinante hacia mí, lo cual me haría derivar en la determinación actual de "ya-no-amarla-más".
Pueden pasar días, semanas o meses pensando esta idea. Pueden pasar minutos, segundos o menos que segundos antes que la decisión caiga estrepitosamente. Y es que uno puede fingir poder dejar ese apego a la persona a quien destinamos nuestro amor. Pero basta encontrarla de nuevo, sin importar qué haga, simplemente ser ella para que uno olvidé las palabras estúpidas "Dejaré de amarla".

jueves, 30 de agosto de 2012

percusiones

Me tuviste acostumbrado a ser el plesímetro, te tuve acostumbrada a ser la plesora.

lunes, 27 de agosto de 2012

blooming

La necesidad del ser deseado (ojo: deseado, no amado) radica en la necesidad de satisfacción del propio deseo (¿o placer?). El querer ser admirado, querido o idealizado por un otro. Siendo bajo un pretexto de fidelidad la seguridad de que solo a uno se le serán dadas estas atenciones. ¿Por qué si no tanto esmero en la fidelidad? Uno necesita saber que se es la única persona a quien la otra en cuestión dona su cariño y sentimientos. Un miedo derivado de la repentina realización de la propia soledad y nimiedad de nuestra existencia en el mundo quizá. On ne sait pas.

en la cama

Eres buen tipo y te quiero, pero deja de llorar. Supéralo.

analyse

Y te hace caer. Tantas veces que te repetiste que nunca más volverías a caer en ella. Y te hace caer. ¿Qué se encuentra en su pozo vacío? Ciertamente no un ramo de jazmines con rocío ni un beso más profundo que su abismo. Ciertamente no tiene sentido.
El momento en que te sonríe de una manera que lo hace con todo mundo. La certidumbre que no eres nada especial, pero la desesperación por querer encontrar algo que contigo sea diferente. But is not.
No hay oportunidad de analizar, simplemente te hace perderte en ella. No debe hacer nada, uno solo se queda parado al borde del camino y congela el júbilo en un intento pa te ti co de encontrar lo especial en lo común.
Ella no te quiere. Ella te quiere.

martes, 21 de agosto de 2012

cobardías

-Dile lo que sientes, quizá tengas un chance.
Decirle lo que siento ¿y qué siento? Pensó él. Es cierto que solía decir que la amaba. También acostumbraba esperarla fuera de su escuela de idiomas para verla irse. Algunas veces creía verla caminando en la calle y se bajaba del camión para intentar alcanzarla (y todas esas veces tuvo que subir a un nuevo camión después de darse cuenta que no).
Lo interesante del asunto es que muchas veces sí la veía y estaba seguro de que era ella, pero no podía soportar la idea de hablarle. Tenía que dar vuelta y buscar otra ruta. Entonces, ¿qué es lo que sentía? La necesidad de quererla quizá, pero no el deseo de estar con ella. La sola idea de ser su pareja lo aterraba: imaginaba los momentos en que los dos se quedarían solos: ¿De qué hablarían? ¿Cómo debería actuar con ella? ¿Debería aprender a manejar? ¿Cada cuanto y a dónde deberían salir?
No, él no quería estar con ella. El sólo quería quererla, sentir la emoción del amor no correspondido, la emoción que sólo la incertidumbre es capaz de dar. Porque presentía una fatalidad horrorosa si en algún momento él le dijera -Creo que te amo- y ella respondiera -No sabes cuánto esperé a que me dijeras eso-.

domingo, 19 de agosto de 2012

Ipse dixit

El hombre no dejaba de hablar de sus parámetros de referencia para la curva de tolerancia a la glucosa. Todos sabíamos que eran obsoletos e incorrectos. Incluso sus gráficos mostraban que eran de hace 10 años. Un alumno de 5º grado le dijo que eran incorrectas, que la cifra ya no era 110, ahora era 100. El "maestro" se ofendió.
-Hace más de 50 años que ejerzo esta carrera jovencito, yo sé lo que digo.
Los demás guardamos un minuto de silencio por nuestro compañero. "Argumentum ad verecundiam" sólo lo oí murmurar. "Magister dixit" le dije por lo bajo. Seguimos escuchando su conferencia y la forma en que decía:
-La siguiente transparencia por favor.

jueves, 16 de agosto de 2012

lep

Era como un ritual, quizá una manía. No importaba realmente, el único objetivo era que ella nunca supiera que él la observaba en toda ocasión posible. Que ella no notara su mirada cuando la observaba en el reflejo de los cristales. Que ella no notara cuando la seguía a una distancia de una cuadra. Que ella no notara nada.
Si en algún momento ella lo descubriera, sería una tragedia tan grande como la vez que mató a su perico aplastándolo accidentalmente con la ventana. Una tragedia.

,

nous n´avons rien.
nous ne voulons rien.
nous ne sommes que ce-la que tu veux, nous sommes avect toi sans toi.

viernes, 10 de agosto de 2012

les jours tristes

Es difícil ir de lo incorrecto a lo correcto, de lo menor a lo mayor. Es más fácil ir de lo correcto a lo incorrecto, de lo mayor a lo menor.
Es más fácil la perversión que la virtud.
El estado natural es la concupiscencia.

Jay

Son las escrituras de madrugada en las que plasmo mis mayores mentiras. En que me digo que la amo, pero sólo pienso en una imagen que no es ella. Es la mejor hora para crear las quimeras. Tomar un poco de ella, tomar otro poco de esta otra ella, un poco de aquella otra ella.
Es la mejor hora para las mentiras. Es la mejor hora para fingir que no te amo, fingir que eres una quimera. Es la mejor hora.

Seres

Qué se puede pensar si sólo soy un pedazo de aparición diurna. Soy el que se sienta a tu lado y no te das cuenta, soy el que te observa en el reflejo de los cristales y sigo tu camino con la mirada. Soy el que  comería tu mierda. Soy el causante de tus estornudos. Soy la clara realidad de lo que no podrá ser entre nosotros.
Soy el que se queda inmóvil al borde del camino.

Ne pas

No puedo hacerlo bien si sé que estás aquí a mi lado. No puedo evitar ser un imbécil si sé que estarás leyendo esto. No puedo dejar de pensar en tu cara de desconcierto. No puedo dejar de pensar en la frase "eres un buen amigo". No puedo deja de pensar en tus historias de amor con él. No puedo dejar de pensar que sé todo de ti y tú no sabes esto que me arrastra como si estuviera atorado por el suéter en la puerta del auto.

i cant do well

Son errores que a uno le gusta cometer para poder decir después: Lo sabía, sabía que esto iba a pasar ¿Porqué joderse la vida de esta manera? Tener algo en que pasar el rato, algo conocido, algo que sabemos como terminará y así no sentir la incertidumbre de lo no certero avanzando sobre el camino. ¿Es mejor que te muerda el mismo perro que sabes no está rabioso a que te muerda diario uno diferente y vivir en la duda de saber si morirás o no ahogándote en tu propia saliva?

des animaux

Y en las noches me gusta fingir que he olvidado tu rostro. Pretexto estúpido para liberarme del propósito de ya no pensar en ti.

virgen

Deja la casa sin pensarlo dos veces; sin empacar, sin sacar al perro, sin dejarle comida al gato.
Huye de la casa, nunca será lo mismo. Nada nunca es lo mismo.
Deja la casa sin una esperanza para vivir. Dejemos la casa y huyamos del fuego que la consume.
Fuerza purificadora, es hora de tu purificación.

miércoles, 1 de agosto de 2012

8

Cuando la conocí íbamos aún en la facultad.
Era de esas personas que con su simple presencia te erizaba la piel. La mirada casi felina y el cuerpo de mujer que todavía no se desarrollaba completamente. El olor que me sabía de memoria y me lastimaba el orgullo.
Demasiado hermosa pensaba para mí ¿Qué oportunidad podría tener?
Tan horrorosamente bella que me sentaba en el pasillo por horas a esperar que pasara y me dijera adiós con la mano para luego perderse entre la gente yendo y viniendo, yendo y viniendo. Back and forth, back and forth.

martes, 31 de julio de 2012

Fernando Quiroz (wikipedia)


"[...] Los estudiantes llamábamos con el insultante nombre del "Burro" a don Fernando Quiroz Gutiérrez, quien de tonto no tenía absolutamente nada. En mi tiempo de interno del Hospital General de la ciudad de México, tuve el honor de ayudarle a operar y durante el correr de tres horas disfruté de sus charla y de sus ocurrencias.
El maestro Quiroz era un hombre de esos que llaman abiertos: sencillo, muy simpático y con un gran sentido del humor. Su forma de ser, en ocasiones algo brusca, y aquella intimidad de muchos lustros con la anatomía, habían llenado su vida de anécdotas.
En su clase, cuando en la revisión de las regiones del cuerpo humano se llegaba al capítulo de órganos sexuales masculinos, el maestro, con no disimulada intención, acostumbraba pedirle a una de las alumnas que subiese al estrado y expusiera verbalmente el tema. En cierta ocasión la seleccionada fue una jovencita conocida por su timidez.
—A ver señorita, tenga usted la amabilidad de hablarnos acerca del pene.
—El pene profesor, es el órgano copulador masculino que mide 15 centímetros en reposo y 35 centímetros de largo, en erección.
—¿Cuánto dijo usted, señorita?
La alumna con cierto titubeo:
—Quince centímetros en reposo y 35 durante la erección, maestro.
—No señorita, repuso don Fernando, eso lo debe usted haber soñado, porque ya no se da; si acaso, en nuestros días pueda usted encontrar algunos superdotados entre los indios de la sierra de Chihuahua.
La muchacha, indignada, se bajó del estrado y en un acto de enternecedora solidaridad, todas las alumnas de la clase se levantaron de sus asientos y se dirigieron indignadas hacia la puerta del aula, con lo que se hizo un gran silencio, que tan sólo rompió la voz del doctor Quiroz, para exclamar:
—Señoritas, ¿dónde van con tanta premura?, el tren para Chihuahua no sale hasta las 11 de la mañana.

— Vicente Guarner, en su libro Murmullos en el ático: ensayos y leyendas.