martes, 4 de septiembre de 2012

Dicotomía

Esa decisión irreductible que estoy seguro la mayoría de personas hemos tomado: dejaré de amarla. Un intento desesperado quizá de mantener el poco orgullo que le queda a uno después de haber caído a lo más bajo de la propia auto-humillación. Dejaré de amarla se dice uno mismo. Dejaré de sentir la imperiosa necesidad de ir a su lado al observar su figura. Esa figura que uno reconocería sin importar si está inmersa en una multitud.
Las razones para haber llegado a esta determinación serían fácilmente determinadas. La principal sería la determinante falta de alguna señal que determine si Ella tiene un sentimiento recíproco y determinante hacia mí, lo cual me haría derivar en la determinación actual de "ya-no-amarla-más".
Pueden pasar días, semanas o meses pensando esta idea. Pueden pasar minutos, segundos o menos que segundos antes que la decisión caiga estrepitosamente. Y es que uno puede fingir poder dejar ese apego a la persona a quien destinamos nuestro amor. Pero basta encontrarla de nuevo, sin importar qué haga, simplemente ser ella para que uno olvidé las palabras estúpidas "Dejaré de amarla".

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