Era como un ritual, quizá una manía. No importaba realmente, el único objetivo era que ella nunca supiera que él la observaba en toda ocasión posible. Que ella no notara su mirada cuando la observaba en el reflejo de los cristales. Que ella no notara cuando la seguía a una distancia de una cuadra. Que ella no notara nada.
Si en algún momento ella lo descubriera, sería una tragedia tan grande como la vez que mató a su perico aplastándolo accidentalmente con la ventana. Una tragedia.
jueves, 16 de agosto de 2012
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