Una vez, íbamos subiendo las escaleras y ella empezó a preguntar que si Alex y yo andábamos, le dije que qué le importaba, que dejara de molestar, pero se puso a gritar como loca "¡¡Uuuuuuu!! ¡¡Tú y Alex andan, tú y Alex andan!!!, no sé porqué lo hice, pero le di una cachetada, no muy fuerte hasta eso, pero suficiente para que se callara y se fuera corriendo y llorando a su cuarto. Para la hora de la cena traía un moretón enorme en la mejilla, cuando mis papás le preguntaron cómo se lo había hecho, ella no respondió, pero me miró de reojo, se me armó la gorda, me castigaron una semana sin salir.
El moretón le duró mucho, demasiado, además que se le hizo enorme, me sentí un poco culpable, pero estaba enojada porque por su culpa me habían castigado.
Pocas semanas después le dio fiebre, mi mamá quería llevarla al doctor, pero mi papá dijo que esperáramos a que se le pasara y luego veíamos que hacer. La fiebre se le pasó después de un rato, pero desde entonces estaba cada vez más pálida, de hecho, casi ni me molestaba ya, lo cual era bastante bueno para mí
Todo cambió el día en que empezó a convulsionar y sangrar por la nariz, estuvimos una semana en el hospital, mi hermanito se había quedado con mi tía y nosotros nos turnábamos para cuidarla, sabía que las cosas no iban bien, le hicieron demasiados exámenes, mis papás no hablaban casi, pero cuando el doctor dio el resultado de las pruebas fue demasiado, las palabras leucemia, fase terminal, pocos días, sufre demasiado, no hay nada que hacer, se combinaban en mi cabeza junto con las imágenes de nosotras dos de pequeñas jugando a las muñecas, escuchando en la panza de mamá a Félix, cargándolo cuando nació, nuestros correteos por el jardín y luego recordé cómo le gritaba que me dejara en paz, la cachetada que le di, sus lagrimas, las convulsiones y la sangre por la nariz.
Fui a su cama a verla, apretaba con su pequeña mano la mía, no decía nada, sólo sonreía, y así murió, sonriendo y soltándome poco a poco la mano.
Cuando regresamos a casa, mamá sólo lloraba, papá se encerró en el cuarto, Félix llegó con mi tía, ella lloraba y él estaba asustado, me arrodillé y lo abracé.
-¿Qué pasa hermanita?, ¿Porqué están todos tristes?, ¿Y Montse?, ¿Dónde está Montse? ¡¡¡¡Montseee!!!!
Empezó a recorrer toda la casa buscándola y llamándola, yo seguía en el mismo lugar, arrodillada y llorando.
-¿Y montse?- preguntó suavecito- ¿Porqué no regresó Montse?

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