sábado, 2 de abril de 2011

Aneurismas

Había recargado mi cabeza en su pecho. Aún recuerdo su aroma, su respiración acompasada y suave, el calor de su piel. Veíamos una película en mi casa, pero no le prestábamos atención.
Recuerdo que me acariciaba la mejilla mientras le hablaba de cómo Daniela había terminado con su novio, él río cuando le conté cómo le gritó y lo pateó enfrente de todos en la oficina.
-Es que esa Daniela tiene un genio... pero creo que no debió haber sido tan mala con el pobre Jorge, ya ves cómo es de sensible- le dije.
-Sí, es como un gatito.
-¿Porqué un gatito?
-Y bueno... los gatitos se me hacen sensibles, ¿A ti no?- dijo como si fuera lo mas obvio del mundo.
-No, me dan mala saña, ya ves que dicen que son malignos y así.
-Jaja, no lo creo, es sólo que son listos, no son estúpidos y falderos como los perros- me sonrió- si me dieran a escoger, definitivamente sería un gatito y no un perro.
-Pero qué dices, los perros son mucho mejores, al menos ellos no sacan la tierra de las macetas para cagar.
-No, no la sacan para cagar, la sacan por gusto, ya te dije lo estúpidos que son.
Le saqué la lengua y me crucé de brazos fingiendo indignación, el sólo río y me abrazó fuerte
-Además, si fuera un gatito, podría trepar todas las noches hasta el alféizar de tu ventana y observarte mientras duermes.
-Qué gato tan pervertido- le murmuré mientras le besaba el cuello.
-Bueno no - replicó besándome la frente- mejor la dejamos así, ya me empezó a doler la cabeza. ¿No tienes una pastilla o algo asi?
-Espera voy a la cocina.
Agarré una caja de aspirinas y le llené un vaso de agua, cuando volví a su lado me recorrió un extraño escalofrío.
-Te ves pálido- observé.
-¿Sí? Creo que me esta dando migraña, gracias- susurró tomando las pastillas y el agua- mejor me duermo un rato.
-Ven aquí- le ofrecí mis brazos- duérmete mientras termino de ver la película.
Se acomodó en mi regazo y cerró los ojos. Terminé ver la película mientras le hacía piojito.
-Te amo- le solté quedito- cuando termine la peli te hago un té o algo.
Sólo articuló un débil gruñido. Después de un rato me empezó a doler la espalda.
-Espera, déjame me acomodo bien- le pedí.
No respondió, "quizá ya se durmió, este hombre parece guajolote, apenas se acomoda y ahí cae"
-Te voy a mover eh, nada más no digas que no te avisé.
No respondió, tampoco respondió cuando terminó la película y le dije que le iba a hacer el té, ni cuando lo llamé desde la cocina diciéndole que ya estaba listo, ni cuando me le acerqué y le sacudí el hombro para que despertara, ni cuando le dije que no era divertido y que dejara de fingir, ni cuando le gritaba a la operadora en el teléfono que necesitaba ayuda. No respondió.

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