Recuerdo que me acariciaba la mejilla mientras le hablaba de cómo Daniela había terminado con su novio, él río cuando le conté cómo le gritó y lo pateó enfrente de todos en la oficina.
-Es que esa Daniela tiene un genio... pero creo que no debió haber sido tan mala con el pobre Jorge, ya ves cómo es de sensible- le dije.
-Sí, es como un gatito.
-¿Porqué un gatito?
-Y bueno... los gatitos se me hacen sensibles, ¿A ti no?- dijo como si fuera lo mas obvio del mundo.
-No, me dan mala saña, ya ves que dicen que son malignos y así.
-Jaja, no lo creo, es sólo que son listos, no son estúpidos y falderos como los perros- me sonrió- si me dieran a escoger, definitivamente sería un gatito y no un perro.
-Pero qué dices, los perros son mucho mejores, al menos ellos no sacan la tierra de las macetas para cagar.
-No, no la sacan para cagar, la sacan por gusto, ya te dije lo estúpidos que son.
Le saqué la lengua y me crucé de brazos fingiendo indignación, el sólo río y me abrazó fuerte
-Además, si fuera un gatito, podría trepar todas las noches hasta el alféizar de tu ventana y observarte mientras duermes.
-Qué gato tan pervertido- le murmuré mientras le besaba el cuello.
-Bueno no - replicó besándome la frente- mejor la dejamos así, ya me empezó a doler la cabeza. ¿No tienes una pastilla o algo asi?
-Espera voy a la cocina.
Agarré una caja de aspirinas y le llené un vaso de agua, cuando volví a su lado me recorrió un extraño escalofrío.
-Te ves pálido- observé.
-¿Sí? Creo que me esta dando migraña, gracias- susurró tomando las pastillas y el agua- mejor me duermo un rato.
-Ven aquí- le ofrecí mis brazos- duérmete mientras termino de ver la película.
Se acomodó en mi regazo y cerró los ojos. Terminé ver la película mientras le hacía piojito.
-Te amo- le solté quedito- cuando termine la peli te hago un té o algo.
Sólo articuló un débil gruñido. Después de un rato me empezó a doler la espalda.
-Espera, déjame me acomodo bien- le pedí.
No respondió, "quizá ya se durmió, este hombre parece guajolote, apenas se acomoda y ahí cae"
-Te voy a mover eh, nada más no digas que no te avisé.
No respondió, tampoco respondió cuando terminó la película y le dije que le iba a hacer el té, ni cuando lo llamé desde la cocina diciéndole que ya estaba listo, ni cuando me le acerqué y le sacudí el hombro para que despertara, ni cuando le dije que no era divertido y que dejara de fingir, ni cuando le gritaba a la operadora en el teléfono que necesitaba ayuda. No respondió.

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