El chivo estaba a la mitad del arroyo, bastante inflado ya, desde el primer día que pasamos por el río para ir a la alberca lo vimos. Esa vez el tenis se me cayó en la corriente y me metí hasta la cintura para sacarlo. El segundo día fuimos a caminar por el río a ver que encontrábamos, de regreso le empezamos a echar piedras al chivo muerto, al principio no teníamos muchas piedras y además, no le atinábamos al chivo, luego quitamos piedras de una barda "pobre señor, cuánto se habrá tardado en construir esa barda con piedras" decía mi prima, pero también ella termino aventándole piedras de la barda al chivo.
No recuerdo bien quién fue la primera en darle, creo que Raquel, se escuchó como un tambor, mi prima y Raquel gritaron con asco, pero seguimos aventándole piedras.
Cuando nos fuimos Raquel decía algo de que qué asco, y mi prima no podía olvidar el sonido hueco del chivo.

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