Ella fue de las primeras.
-¿Estás bien?
-Sí - respondió sentada en el asiento del copiloto.
-No has hablado en todo el camino.
-No he querido hacerlo- dijo sin cambiar de tono.
-Ah...
Le conté que había visto a un hombre tropezar mientras cruzaba la calle y que un auto le aplastaba la cabeza. Aún seguía algo perturbado por la imagen.
-La gente debe morir, tú y yo lo haremos también- dijo mientras bajaba el cristal.
Definitivamente debe haberle pasado algo, cuando quiera decírmelo lo hará pensé. Las semanas pasaron y cada vez se retraía más. Comenzó a no responder a sólo que yo le hiciera una pregunta directa, a levantarse exactamente cuando el despertador sonaba, a dejar el cepillo de dientes exactamente en el mismo lugar.
El momento en que me di cuenta que algo estaba mal fue una mañana mientras vestía a Melissa para llevarla a la escuela.
Me casé con ella por ser una mujer de gran paciencia, en esa ocasión Melissa se resistía a ponerse las calcetas y ella le soltó un golpe. Melissa naturalmente le preguntó entre gimoteos porqué la había golpeado
-No tengo tiempo para tus lloriqueos- le respondió.
Intervine y le dije que no la volviera a golpear, ella se dio la vuelta y fue a la cocina. La encontré viendo la Tv mientras comía un plato de cereal.
Algo iba mal.
domingo, 29 de julio de 2012
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