miércoles, 2 de mayo de 2012

Pasos

Caminaban al centro, caminando por caminar, simplemente por poner una pierna después de la otra. Ella estaba triste, cosa de una llamada y se había desmoronado el castillo de cartas que él le construía. Cosa de una llamada para que se perdiera esa conexión en que se sabe que el rozar de los brazos y el choque accidental de las manos ya no es más algo accidental. Cosa de una llamada.
-¿Qué debo hacer?
Una pregunta a la que él no tenía respuesta, y no estaba seguro si quería tener alguna. Inventó algo para no dejar la pregunta tan al aire, sentía la fiebre recorrer su cuerpo, el sabor a mierda en la boca. Caminar por poner una pierna después de la otra.
-¿Qué camión debo tomar para llegar a mi casa?
Silencio hasta que llegaron a esa parada de camión en la que él la recordaría cada día que pasara por ahí a causa del accidente. Lloraba, lloraba mientras pasaba el camión, lloraba mientras se subía y le decía adiós, siguió llorando las dos cuadras que avanzó el camión hasta que ese remolque lo golpeó estrellándolo contra la pared. Entonces dejó de llorar. Pero cuando acabó ese llanto, uno nuevo y más desesperado se empezó a formar. Como un instante suspendido en que nada avanza y nada retrocede, en que se pierde la propiocepción  y lo siguiente que se recuerda es la falta de aire. El olvido de cómo emitir algún sonido, algún movimiento, de llegar a algún entendimiento de lo que acababa de pasar.
Pero el entendimiento nunca llegó.

-9822

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