Te perdí, te dejé tirada al borde del camino, sin mirarme, sin querer tenderme la mano. Perdida entre las notas que resbalan bajo mis dedos.
Te perdí, ya no eres mi Melpómene, no eres mi Ira ni mi Walkyria. Dejé escurrirte por mi mano colgando en la cama, te exhale con mi aliento a alcohol, te sudé en esas noches de fiebre nerviosa.
Te perdí, me perdiste, nos perdimos. Te dejé ir, me dejaste ir, nos dejamos ir. Aunque a ti no te importe, debo decirte que te perdí, caíste desde mi balcón del apego, rodaste entre las hierbas de mi jardín, ese jardín que ya no riego y que está lleno de las flores marchitas que nunca te di.
Te perdí, y no se si volverás, y no se si dejaré la puerta abierta con un vaso de agua, y no se si no pondré trampas en el pórtico, y no se si le prenderé fuego a esta casa, nuestra casa.
Pero cuando te veo ahí sentada, fingiendo que no me ves, y cuando me ves ahí sentado, fingiendo que no te veo, me doy cuenta que nunca te perdí, porque nunca fui tuyo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario