domingo, 16 de enero de 2011

Los secretos

El agujero se hizo más grande, el hombre entró contorsionándose; desde fuera, alguien le pasó una antorcha, la prendió y la obscuridad terminó. Recorrió con la mirada la bóveda subterránea, sus antepasados le contaban viejas leyendas de un tesoro escondido hacía siglos en esas cuevas, él creció soñando con el oro y las gemas, los ankus de marfil y las pieles preciosas. Ahí solo había papeles amarillentos por el tiempo, pergaminos enrrollados y en estantes.
Buscó en toda la cueva, no había ni un rubí, diamante o pepita de oro, sólo papeles y más papeles, tomó un pergamino y lo iluminó con la antorcha, no entendía lo que decían, levantó otro y descubrió con frustración lo mismo, escritos relatados en idiomas que no entendía, que no conocía. Sus compañeros le apremiaban desde fuera, él les respondió en dialecto que no había nada, absolutamente nada.
Dejó salir un grito de frustración, tanta búsqueda, tanto tiempo para nada... dejó caer la antorcha y salió por donde había entrado.
El hombre no lo sabía, no podía saberlo, algunos idiomas habían sido olvidados por el hombre hacía tiempo, otros eran más bien lenguas pasadas de generación en generación por estudiosos y los otros, lenguas de tierras lejanas. No podía saber que el pergamino que levantó decía - Y fue así que nací de una mujer virgen, escogida desde el inicio de los tiempos para cumplir con esta voluntad de mi padre- , tampoco podía saber que ahí estaban los diálogos de Sócrates, los libros perdidos de Aristóteles de la risa y la comedia, los estudios médicos de Asclepios, la historia de Lemuria, los mapas de mundos subterráneos, dibujos de el globo terráqueo con jeroglíficos inscriptos, códices mayas y teotihuacanos... él nunca lo pudo haber sabido... y nadie lo sabría ya.

Un pastor vio como salía una pequeña columna de humo de una caverna, tuvo un pequeño dejo de curiosidad, pero una de sus cabras se alejaba demasiado del rebaño y su mente se distrajo en sus ocupaciones diarias.

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