¿Encontraré a la maga? Hiciste con nosotros algo que no se hace: nos mostraste la mujer ideal. Todos buscamos a la maga en París, en las barandillas haciendo huevos fritos, escuchando a Charlie Parker, haciendo el amor en una cama rodeada de gallinas, perros, ollas sucias, decenas de vasos con puchos apagados. Un tratado sin abrir de Master & Jonson, ¿Encontrare a la maga? Bueno, dijiste Julio que podíamos encontrarla, no buscarla, que la maga iba a aparecer sin necesidad de una cita. La misteriosa ecología de la ciudad iba a juntarnos. Por tu culpa Julio las parejas salen separadas a encontrarse, la ciudad está cubierta de personas que cabecean con un aire desconcertado como un luchador después de un golpe, que espían en las esquinas buscando a ella. Te metiste en la vida, no pasa un solo embotellamiento en que no recuerde la autopista del sur. Frente a cualquier decisión, particularmente las decisiones tontas, la memoria me dicta decisiones insólitas, ¿Te acordás? A uno le pide que elija, y le dan un calentador Primus, una banana, una rubia de costumbres elásticas. Para desconcierto de la población y el obispo local, todos nos quedamos con la banana. Me aterra tu posibilidad de vomitar conejitos a la mañana, Julio, ya es suficiente que en la mañana el sueño duela en los ojos o el meo se resista a salir. No puedo perdonarte lo de los conejitos, tampoco lo del limite. Yo vivía tranquilo imaginando es pared, no tenias que decirme que la pared era una soga que se podía saltar. En ese ring los contornos se pierden, la conciencia se pierde. Vivíamos tranquilos en nuestro metro cuadrado antes que apareciera el hombre más alto del mundo con los ojos separados como los de un novillo, con el brazo en alto señalando hacia allá, hacia allá, a la conciencia, a la soga, a lo extraordinario saltándonos encima como un gato. Julio, Julio, es natural que interpretes esto como un reproche, yo quería ser feliz, hacer asados, mirar como despegan los aviones del aeroparque, no necesitar a la maga, no plantearme ni siqueira si la vida tiene una direccion. Tiene una sola, y es el futuro, no hay dos futuros, hay el mio. No hay conejitos en la garganta ni instrucciones para subir una escalera. Yo quería ser feliz, imaginarme hasta acá, no hasta allá, no hasta donde nunca podré llegar. Sacudirme la libertada como una araña del pantalón, tirarme la araña a la cabeza, eso hiciste, pelo de araña, mi cabeza se mueve lentamente, nunca sé en qué pueda terminar. Volverme cursi y niño, abrirme a la confusión. Te imagino cada vez que miro por la ventana o por un tunel o por un ojal, sé de memoria que podríaas estar en cualquier lado, ahora mismo, cagandote de risa.
-Fragmento o comentario, no sé bien a la carta de la maga a Rocamadour, Rayuela.
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