A las 7 am, caminando a orillas de ese río me sentía como en un pequeño via crucis. Un via crucis, que manera tan más pedante de referirse a esto, ¿Pero qué otra comparación le podía encontrar? Et dimitte nobis debita nostra.
Conocer a alguien, ¿De qué depende pensar que conoces a alguien?, ¿conocer su historia, la persona a la que ama?, ¿sus alegrías, sus gustos?, ¿se podría decir que conoces a alguien porque puedes pedir su sandwich o su café de la forma exacta en que esa persona lo desea?, ¿se podría decir que la había conocido de alguna forma en que quizá ni sus más íntimos amigos la conocían?
Y no, no la conocía, no la conozco, y quizá no la conoceré. Esos breves momentos en que estuvimos solos eran de silencios, eran momentos en que ella expresaba sus firmes creencias y yo solo asentía por cortesía. Luego se movía hacia alguien más platicando y riendo mientras me dejaba solo pensando en que era extraña la atracción que sentía hacia aquella mujer con la que el máximo contacto había sido un saludo, un abrazo, una plática en medio del efecto del ron, el tequila, las cervezas, las noches, las terrazas, la música y el asentir con la cabeza mientras hablaba más de sus firmes convicciones.
Realmente no recuerdo bien cómo se dio - el efecto del ron, el tequila, las cervezas-, pero de pronto era sentir su cuerpo junto al mío, el baile más personal que hacia los demás en el lugar, la música, el abrazo, los rostros encontrándose, la suavidad encontrándose, la humedad encontrándose. El buscar desesperados, el buscar y caer; el morder y perder. El terminar de espaldas en la pared y comenzar a desear. Olvidar el cómo y el por qué. Seguir buscando entre el cabello y el cuello, entre sus manos guiándome sobre su cuerpo, apretando y buscando. Buscar, buscar, buscar, ¿Buscar qué? Yo no lo sabía, pero la ayudaba a encontrarlo.
Lo que comienza efímero termina efímero, no como regla general, solo como una norma o recomendación. Así que mientras nos buscábamos uno dentro del otro y él abrió la puerta del cuarto diciendo "no, no paren, sigan" mientras intentaba entrar en la cama con nosotros, me di cuenta que todo se había botado al quinto infierno ¿Y qué le quedaba a uno? decirle los "no mames, vete", "wey, no mames, vete" y ver cómo se iba tambaleando con su pequeño trasero desnudo. No quedaba más que la cortesía del "¿quieres seguir?" para recibir el ya esperado "no". Entonces era vestirse, buscar las ropas propias (buscar, seguía siendo todo una búsqueda), acostarse y poner la alarma a las 7 am porque había que salir de ahí pitando al otro día y caminar toda la carretera con el río a la izquierda hasta el boulevard para tomar el primer camión e ir asintiendo en el camino mientras ella hablaba de sus firmes convicciones.
lunes, 25 de marzo de 2013
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