No soy Él, no soy Él.
A veces me pregunto qué pasaría si ella regresa diciendo que nadie la amado como yo. A veces me pregunto si podría tomarla como antes, dejarla llorar en mi hombro. Llora querida, llora todo ese dolor que Él te dejó, ese dolor que te hizo volver conmigo en una ilusión tonta que yo podré darte algo que buscas en Él, en mí, en alguien. Quién puede saberlo.
Pero si regresara siendo sincera, sin un dolor arrastrado como un velo de novia, un velo de dolor, entonces... entonces no sabría qué hacer. Si dejarla recostarse en mi regazo (como sé que hará) si dejarla abrazarme y decir cosas a mi oído (como sé que hará).
No lo sé, con esa habilidad suya de tomar mis partes y acomodarlas en sus caras y colores correctas. Esa forma en que solo ella sabe girar mis ejes, esos algoritmos que le enseñé y que aprendió tan bien de memoria. Los algoritmos de mi banal sensualidad.
Creo que lo más probable es que la rechazaría en un acto de orgullo despiadado, no hacia ella, si no hacia mí. Sería un buen momento para darle la espalda, y soñar noche con noche cómo le di la espalda y ella se alejó. Soñar cada noche cómo en verdad quería terminar con ella el camino, decirle que ella era el fin de mi camino.
Que venga y tome estas partes de mí. Tengo el miedo que no las sepa acomodar más, que los algoritmos hayan cambiado y no lo sepa, que ella no los sepa, que yo no los sepa.
The soul pourring into little pieces. Ich habe nichst, et elle le sais très bien.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario