jueves, 24 de noviembre de 2011

Who knows

Quizá es el alcohol. Sí, lo más seguro es que sea el alcohol. Uno se siente tan suavecito, tan fácil de palabra, tan hilarante... y las otras personas se ven tan cálidas, tan recíprocas, tan abiertas. Uno no puede evitar pasar un brazo por los hombros, darse cuenta que es correspondido, que hay una cabeza recargada en tu regazo. Tan simple como acariciar el cabello de alguien, como morder una mejilla.
Todos son tan simples y todo es tan simple. La música incita a los cuerpos a moverse, la obscuridad a sumirse más en los asientos aplastados por decenas de otros traseros. Incita a acercarse más y olvidarse de las amistades, de los temores, de las máscaras; el alcohol hace que se escurran por los pies, que sigan hasta la puerta, que lleguen hasta el coche, a mi apartamento, a mi cama, a la mañana siguiente, a las miradas encontradas y al inevitable final.

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