lunes, 6 de septiembre de 2010

romances

Y a veces me da por ponerme romanticón. Imaginarte frente a mi, decir palabras dulces mientras recorro el borde de tu rostro con mis dedos, bajar lentamente hasta tu mentón, alzarlo suavemente como quien quiere atrapar una pluma que cae lentamente. Acercar tu rostro, poder observar las pequeñas imperfecciones de tu piel. Deslizar mi mano hasta tu nuca y clavarla entre tu cabello. El corazón acelerado, sentir esa suave carnosidad...

Otras tantas me da por ponerme facineroso, ya sabes, de pronto imaginarme cómo lloras con desesperación y se te escapa entre gimoteos un: "por favor, no era en serio". Voltear y decir con desprecio: "a callar maldita". Alejarme de ahí mientras siento ese gozo que uno experimenta cuando lastima a la persona querida, sólo para poder ver las lágrimas correr, para herirse uno mismo en ella.

Reír para los adentros, sentir como acabo de asesinar una pequeña parte de mi ser. Detenerme en mi andar, voltear la mirada, verte ahí mismo donde estábamos hace unos minutos, verte des-hecha, verte en mí, verme en ti.

Regresar y decir que no es cierto, que a veces soy muy idiota, pero esta vez no aceptas mi abrazo, me alejas, dices cosas como "te desprecio, lárgate", y te abrazo más fuerte, y entonces te resistes más, pero nadie cede; yo queriéndote querer, tu queriéndome perder.

Olvido el porqué me había enfurecido contigo, sólo sé que yo tengo la culpa, que tú no pudiste haber hecho nada para herirme, yo soy el gran tonto. Pero el camión llega a la parada y el tiempo de fantasear se acaba, la ilusión se des-hace y te me vas con ella.

Sí, a veces me da por ponerme romanticón.

1 comentario:

  1. Me gusto.. esta lindo...
    mmm si, ¿quien no le gusta sentirse necesitado?
    me gusto..
    tal vez le pase tu blog al profe del casa para que lo lea...

    ResponderEliminar