-Mira dentro de ti, sabes que estás haciendo las mismas mierdas, que tus pecados son tan grandes como tu dolor.
Él la observó, preguntándose qué sabría ella.
-¿Dolor? ¿esto que tengo es dolor?- preguntó intentando controlar la voz que se quebraba, recordando inspirar- ¿crees que esto es dolor?
-¿Y qué es si no?- simplemente preguntó ella.
La pregunta correcta a la que no se tenía respuesta. Si no era dolor entonces estaba perdido. La verdad es un ser extraño, amoral e incoloro. Su ahora ya no llamado dolor radicaba en un perdido sentido de introspección, en el ahora darse cuenta que la bilateridad era en realidad de un solo camino para él. ¿Injusto? ¿cínico? ¿infantil? quizá esos serían los adjetivos adecuados.
Levantarse del suelo, dejar de sentir lástima por sí mismo, dejar de creer merecer algo. El dolor era imposible en esta situación, a solo que se hablara de un dolor por un orgullo herido con un arma que nunca apareció.
Los cristales tienen la propiedad de nucleación, de crecimiento. La mente cristaliza, y no solo atribuyendo dones y atributos, también otorgando culpas y resentimientos.
-Dime lo que es, dime lo que eres- insistió ella.
Alzó la mirada para verla y pasando la mano por su cabello dijo:
-Un Arjuna que hubiera perdido todo.
martes, 28 de enero de 2014
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