Controlé un poco mis piernas y camine hacia ella, ¿qué serían?¿5 metros? me desvié en el último momento y me volví a sentar en la bardita, ahora mirando hacia la iglesia. Metí las manos en las bolsas de mi chamarra, la que me regaló Tania, ojalá no hiciera tanto frío, se me rompió la chamarra de Tania y no quiero usarla tanto. Me volteé a verla; seguía ahí sentada, seguía ahí sentado, seguíamos ahí sentados, sentados, sentados, coño, ¿porqué seguía ahí sentado?
Tomar una bocanada de aire, ignorar la sensación de que estuviera inhalando plomo, tomar otra bocanada, ignorar de nuevo la sensación, tomar otra bocanada, ¡coño! ella se paró y se fue, me cago en la leche, se fue. Caminó hacia el llano, con su suéter rosa, sus gafas y su libro que nunca sabré de qué era.

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