Lo sabía, sabía todo lo que su facebook, twiter y myspace me pudieron decir de ella: sus películas favoritas, intereses, amigos, familiares, lugares donde suele estar, lugar en que ha vacacionado. Lo sabía.
Pero ella no sabía que yo lo sabía, ella sólo me la presento como un gesto de cortesía mecánico. Decirle mi nombre fue un acto de cortesía mecánico. Cuando le di la mano pareció un acto de cortesía mecánico, pero no lo fue; y los dos supimos en el instante que nos tocamos que no era para nada un acto de cortesía mecánico, y Ella dejó de verme como un acto de cortesía mecánico, y ella dejó de ser el intermediario para ser el acto de cortesía mecánico. Al carajo con las cortesías, ya nada importaba entonces.

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